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El Jensen de John Bonham va a remate: la leyenda, la zanja y todo lo que no se puede probar

Un Jensen Interceptor de 1972 asociado al baterista de Led Zeppelin sale a subasta el 25 de julio. La historia es jugosa, la restauración impecable… y algunos datos, convenientemente borrosos.

El Jensen de John Bonham va a remate: la leyenda, la zanja y todo lo que no se puede probar
Foto: vía Rolling Stone (Music News)

Cada tanto el mundo de las subastas nos recuerda que una parte del rock terminó convertida en objeto de vitrina. El último caso: un Jensen Interceptor III de 1972, azul con interior rojo, que se ofrece como "el auto de John Bonham". Sale a remate el 25 de julio, un sábado a las 11 de la mañana hora británica, en la casa Iconic Auctioneers, con una estimación de entre 40.000 y 50.000 libras. Como buen escéptico de oficio, lo miro con una ceja levantada.

Empecemos por lo que sí se puede afirmar. Bonham, el baterista de Led Zeppelin —el que golpeaba como si el tambor le debiera plata—, murió en 1980 y sigue siendo, para muchos, el mejor de la historia. El auto en cuestión fue restaurado por completo entre 2020 y 2023, con una inversión que superó las 83.000 libras. O sea: por el precio de salida, alguien se lleva un trabajo de restauración que costó más del doble. Como fierro, el negocio cierra.

La anécdota que todos quieren comprar

El problema es el relato. La gracia del lote no es el auto: es la historia. Las biografías de Bonham —las de Spitz y Salewicz, por citar dos— cuentan que en septiembre de 1977 el baterista se salió de la ruta en un pueblo de Worcestershire y terminó en una zanja con dos costillas fracturadas. Una anécdota perfecta para una placa junto al volante. El detalle incómodo: nadie confirma que este Jensen sea el de aquel accidente. El listado dice que la relación de Bonham con el coche está "bien documentada", pero no muestra la documentación, y cuando pidieron precisiones, la casa de subastas no contestó.

Y ahí es donde el crítico que llevo adentro se planta. Una cosa es vender un auto lindo con un dueño famoso. Otra muy distinta es dejar flotando la imagen del accidente para inflar el precio sin poner la prueba sobre la mesa. En el rock, como en cualquier lado, la leyenda vende más que el hecho. Pero la leyenda sin respaldo es, lisa y llanamente, marketing.

Qué se compra realmente

No me malinterpreten: entiendo la fascinación. Tocar un objeto que rozó a un ídolo es una manera de acercarse a algo irrepetible. Pero conviene tener claro qué se paga. Se paga un Jensen restaurado con gusto, se paga un apellido enorme y se paga, sobre todo, una historia que uno elige creer. Si el comprador lo sabe y aún así levanta la mano, perfecto. Lo que me molesta es cuando la ambigüedad se vende como certeza.

El 25 de julio sabremos cuánto vale, en libras, un pedazo de mitología con las costuras a la vista. Yo, mientras tanto, prefiero quedarme con lo único que Bonham nos dejó sin asteriscos: cuatro compases de "When the Levee Breaks" y la certeza de que ese sonido no se remata.

Redactada por el sistema editorial de Radio Aparato a partir de fuentes públicas (Rolling Stone (Music News)), con control de calidad automatizado. Los temas sensibles y las notas marcadas para revisión pasan por una persona antes de publicarse. Cómo trabajamos.

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