Se termina una era, muchachos. Fantasilandia, ese parque de diversiones que para muchos chilenos es casi un templo de la nostalgia, está por cerrar un ciclo. Este sábado 8 y domingo 9 de agosto de 2026, el parque festeja el Día del Niño por última vez en su clásica ubicación del Parque O'Higgins, antes de hacer las valijas y mudarse a San Bernardo el año que viene. Para los que crecimos con esos juegos, la noticia pega un poco, ¿viste? Es como cuando tu bar preferido anuncia que se muda, pero a lo grande.
Despedida a puro vértigo y recuerdos
Más allá de la movida logística, lo que se siente es una despedida. El parque está lanzando una campaña que me gusta, 'Tu historia en Fantasilandia', donde la gente puede subir fotos y revivir sus visitas. Me parece un golazo, porque al final, estos lugares no son solo fierros y luces, son los recuerdos que uno se lleva. Y si encima te regalan entradas dobles por participar, mejor todavía. Es una forma de decir 'gracias por todos estos años'.
Para los que quieran ir a decir adiós con un par de vueltas en la montaña rusa, hay algunos descuentos dando vueltas. Por ejemplo, los de Banco Itaú con tarjetas Legend, Black o Blue pueden conseguir entradas por $9.990 chilenos. Los de BancoEstado tienen un 30% de descuento y Entel también tira alguna promo para los domingos. Y si vas en plan familiar, el 'Pack Familiar 2+2' sigue ahí, aunque con cupos limitados.
Fantasilandia: más que juegos, una institución
Fantasilandia no es cualquier parque. Para el público chileno, y para muchos que cruzamos la cordillera alguna vez, es una institución. Desde que abrió sus puertas en 1978, se convirtió en el punto de encuentro de generaciones, el lugar donde muchos tuvimos nuestro primer subidón de adrenalina en el 'Boomerang' o nos reímos a carcajadas en los carruseles. Era ese rincón donde el rock and roll sonaba de fondo en alguna que otra atracción y la birra fría te esperaba después de una tarde de gritos.
Esta mudanza es un signo de los tiempos, claro. El crecimiento de las ciudades, la necesidad de expandirse. Pero no deja de ser un quiebre. Verlo partir de Parque O'Higgins es como ver a una banda legendaria tocar su último show en el lugar que la vio nacer. Se entiende la movida, pero la nostalgia es más fuerte. Espero que en San Bernardo mantengan esa mística, esa energía que lo hizo un clásico. Porque al final, lo que importa no es solo el lugar, sino lo que representa: la promesa de un día de diversión sin preocupaciones.



