La Casa Blanca, en su afán de ser provocadora, parece haber cruzado una línea que ni la más pop de las estrellas tolera. Katy Perry, ni más ni menos, levantó la voz el sábado pasado para expresar su furia y asco. ¿El motivo? Su himno “Firework”, esa canción que se supone que te levanta el ánimo, fue usada para musicalizar un video de ataques militares.
“Estoy profundamente horrorizada y enojada al ver ‘Firework’ usada en la cuenta de TikTok de la Casa Blanca como banda sonora de imágenes de ataques militares”, soltó Perry en X. Y no se guardó nada: “No autoricé esto, no me consultaron y absolutamente no apruebo este uso”. Clarito como el agua.
Cuando el pop se topa con la propaganda
El video en cuestión, una joyita de nueve segundos de la cuenta oficial de la Casa Blanca, mostraba imágenes de misiles estadounidenses impactando objetivos portuarios en Irán. Mientras tanto, la voz de Perry sonaba con el “Boom, boom, boom / Even brighter than the moon”. La leyenda, para colmo, era una joya de la diplomacia: “Irán fue advertido”. Una joya de mal gusto, diría yo.
Perry, con toda la razón del mundo, remarcó que escribió “Firework” “para ser un himno de esperanza, curación y fuerza interior para personas que enfrentan los momentos más difíciles de sus vidas”. Verla convertida en la banda sonora de la destrucción es, como ella misma dijo, “una completa violación de todo lo que esa canción representa”. Y es que, seamos sinceros, por más que uno no sea fan de su música, el mensaje de esa canción es de superación personal, no de celebrar bombardeos.
Una estrategia repetida y repudiada
Lo de Perry no es un caso aislado. Ya se suman a la lista artistas como Olivia Rodrigo y Sabrina Carpenter, que también vieron sus canciones usadas sin permiso por la maquinaria de redes sociales de la Casa Blanca. Parece que tienen una estrategia: buscar temas de artistas que son abiertamente críticos de Trump. Una movida bastante barata, si me preguntan a mí.
De hecho, hace unas semanas, la Casa Blanca ya había usado “Seven Nation Army” de los White Stripes —banda de Jack White, otro conocido crítico de Trump— para otro video de acción militar. Es evidente que buscan la provocación, el choque. Pero una cosa es la provocación política y otra muy distinta es usar la obra de un artista para fines bélicos, especialmente cuando el mensaje original es todo lo contrario.
Esto no es más que una muestra de cómo el poder, a veces, cree que puede apropiarse de todo. La música, como el arte, debería ser un refugio, un espacio de libertad. Y cuando se la contamina con fines propagandísticos y bélicos, y encima sin consentimiento, es una bofetada a la integridad del artista y, de paso, a todos los que valoramos la música como una fuerza unificadora. Una cerveza negra y una buena banda sonando fuerte en un bar es un templo, no una sala de guerra. Y eso, la Casa Blanca debería aprenderlo de una buena vez.



