Hay artistas que nacen para desafiar el statu quo, y luego está Pascal Comelade. Hablar de él es hablar de una carrera de más de cuatro décadas donde la palabra 'convencional' simplemente no existe. El músico franco-catalán es un referente ineludible de la vanguardia, un tipo que ha construido su propio universo sonoro a base de pasión visceral, instrumentos de juguete y una visión que fusiona el Mediterráneo con el dadaísmo.
Las claves
Un coleccionista insaciable que devora géneros. Desde siempre, Comelade ha sido un comprador compulsivo de música, sin límites en sus gustos. De ahí su habilidad para integrar minimalismo, rock, pop y cultura popular en un 'totum revolutum' donde todo tiene cabida. Su arte es un juego constante, una reinvención de elementos cotidianos y de desecho para crear algo completamente nuevo, como si Fellini y Nino Rota se encontraran con la escritura automática.
Más de 40 años de pura libertad creativa. La trayectoria de Comelade es un manifiesto de autonomía. Siempre ha hecho lo que le da la gana, confeccionando canciones que tensan las dinámicas esenciales de la música. Esa audacia ha atraído a un sinfín de colaboradores de primer nivel: desde Richard Pinhas hasta PJ Harvey, quien le dio cierta visibilidad en su magistral disco de 1998, L’Argot du Bruit. Esa lista incluye también a Robert Wyatt y un puñado de artistas que reconocen en él a un genio sin igual.
Métaphysique Du Hit-Parade: la subversión hecha versión. El nuevo disco, lanzado este 2026 por Week-End Records, es una joya para quienes quieren adentrarse en su mundo. Se trata de una recopilación de versiones que Comelade ha dispersado a lo largo de su discografía. Y aquí es donde su genio brilla con luz propia: toma clásicos y los transforma en algo irreconociblemente suyo. Es un ejercicio de deconstrucción que pocos se atreven a hacer, y menos con esta elegancia.
Clásicos desfigurados con maestría y un piano de juguete. ¿Cómo suena un 'Come As You Are' de Nirvana con un piano de juguete como protagonista? ¿O un 'Purple Haze' de Hendrix convertido en habanera? Comelade lo logra. Lleva el 'Johnny Guitar' de Peggy Lee a parajes crepusculares y fantasmas mediterráneos, y 'Sheena Is A Punk Rocker' de los Ramones la esculpe hasta convertirla en una fantasía felliniana. Incluso el 'Sunny Afternoon' de The Kinks queda reducido a los huesos, pero con una vitalidad insospechada. Es como si tomara lo más pop y lo pasara por un filtro de punk intelectual, demostrando que la verdadera sofisticación reside en la capacidad de despojar y reconstruir.
Para mí, Comelade es el ejemplo perfecto de cómo el verdadero lujo en la música no es la producción impecable o el hit fácil, sino la audacia de la visión. Desafía el 'hit parade' no solo por el título, sino porque su arte es un golpe directo a la mediocridad. Es un punk de alma, con la elegancia de un dandy y la irreverencia de un dadaísta. Un tipo que, en un mundo lleno de copias, se atreve a ser el original, y eso, mis queridos, es algo que siempre merece la pena escuchar.



