Santana llevaba casi treinta años en la música, pero a mediados de los 90 su relevancia había caído. El rock latino no terminaba de despegar en las radios comerciales estadounidenses, y los discos del guitarrista mexicano-estadounidense vendían cada vez menos. Todo cambió cuando productor Clive Davis lo convenció de grabar un álbum de colaboraciones: Supernatural, lanzado en 1999.
La canción Smooth nació de una necesidad: necesitaban un tema con ganchos pop que sonara moderno, algo que conquistara las radios top 40. El compositor Rob Thomas, vocalista de Matchbox Twenty, fue el elegido. Junto con el productor Matt Serrato, crearon una melodía pegadiza, con letras simples pero efectivas sobre seducción y movimiento. La rítmica afrocubana de Santana chocaba deliberadamente con la producción pop suavizada, creando algo que funcionaba en ambos mundos.
Un hit que nadie esperaba
Lo que pasó después fue casi irreal. Smooth se convirtió en un fenómeno radiofónico instantáneo. En marzo de 2000 estaba trepando posiciones en todo el mundo; para julio dominaba las listas como pocas canciones antes lo habían hecho. No era la canción más virtuosa de Santana, pero era la más accesible, la que tu abuela canturreaba en la cocina y la que escuchabas en todos lados.
El tema ganó un Grammy en el 2000, fue número 1 en decenas de países y permanece como la canción más escuchada en streaming del catálogo de Santana. En España, en Argentina, en Paraguay: Smooth se convirtió en sinónimo de ese cambio de milenio, de optimismo, de algo que sonaba a futuro pero con raíces latinas.
Lo irónico es que Santana nunca volvió a replicar ese éxito comercial masivo, pero tampoco lo necesitaba. Supernatural ganó nueve Grammys, incluido mejor álbum, y le devolvió a Carlos su lugar en la conversación musical. A los 52 años, cuando parecía que su momento había pasado, el guitarra volvió a ser relevante, pero de una manera que él probablemente nunca imaginó: a través de un tema que resumía toda la evolución de la música pop latinoamericana en tres minutos.
Hoy, más de dos décadas después, Smooth sigue sonando en fiestas, bodas y reuniones. No es la canción más profunda que Santana escribió jamás, pero es quizá la más honesta: una que trasciende el tiempo porque supo entender exactamente qué necesitaba el mundo en ese momento.



