La última noche de la residencia de Bon Jovi en Madison Square Garden tuvo el cierre que se merecía: Bruce Springsteen subió al escenario para los dos temas finales de la noche del 26 de julio. No fue un anuncio previo, no había aviso en redes ni especulaciones en los medios. Solo pasó, como debe pasar este tipo de cosas en el rock.
Jon Bon Jovi lo presentó con ese toque de broma que caracteriza a estos tipos: "el rey del estado de Nueva Jersey". Y efectivamente, Springsteen salió a cantarla. Primero fue 'Who Says You Can't Go Home', el tema de 2005 que tiene ese peso de nostalgia que solo Bon Jovi sabe fabricar. Luego cerraron con 'The Promised Land', clásico de 1978 del Jefe, un tema que pide pulmones y ganas.
Dos veteranos del rock en su contexto
Lo interesante acá no es solo el morbo de ver a dos gigantes del rock estadounidense compartiendo micrófono. Es que Bon Jovi estaba terminando una residencia de nueve noches en el Madison Square Garden, el tipo de cosa que antes hacían solo los artistas pop masivos o las orquestas sinfónicas. Que una banda de rock de los ochenta lo haga hoy dice algo sobre la permanencia, sobre cómo ciertos artistas nunca dejan de importar.
Springsteen vino en el momento justo. Tres días antes, Jon Bon Jovi había tenido que cortar el show con una infección sinusal que lo dejó medio roto. "No es como yo", dijo sobre el escenario, pidiendo disculpas. Pero volvió a estar presente para el último acto, y lo hizo con el mejor invitado posible.
Una conexión que va más allá de una noche
Esto no fue un inesperado aislado. Hace poco Bon Jovi lanzó 'Hollow Man' con Springsteen en su disco colaborativo. Y hace un mes, el Jefe incluyó a Jon Bon Jovi en la apertura del Bruce Springsteen Center for American Music. Son dos tipos que entienden que el rock es una comunidad, no una competencia.
Para cualquiera que haya crecido escuchando a Springsteen en los setenta u ochenta, y después pasó por los riffs de Bon Jovi, verlos juntos en el Madison Square Garden es verbalizar lo que ya sabíamos: el rock de Jersey, el que viene del este, sigue siendo el más real, el más directo. Sin autotune, sin filtros, solo dos hombres con sus historias de trabajos perdidos, vidas de ruta y promesas que no se cumplen fácil. Eso no envejece.



