Hay libros que te dejan donde estabas. Este no. No baile do juízo final, de la manauara Susy Freitas, es una turbina que te tira de un lado a otro sin pedir permiso. La novela —publicada por Todavia Livros y que cerró la programación principal de la última Flip en Paraty— rechaza el relato plano, ese que tiene principio, medio y fin bien cosido. En su lugar, Freitas construye algo que se parece más a una experiencia lisérgica que a una trama tradicional.
Lo que pasa es que la autora no quiere contar historias: quiere provocar sensaciones. Ballrooms, drags, intervenciones políticas de gente que sabe qué no quiere pero tiene dudas sobre el destino. Una política de los afectos, de los cuerpos. Eso que hace que cada página te golpee en un lugar distinto.
Fragmentos en lugar de respuestas
Durante su conversación en la Flip con la catalana Eva Baltasar, Freitas explicó cómo llegó a esa construcción aparentemente caótica. Todo arranca intuitivo, sin investigación previa. Luego vienen las conexiones: eso que resuena con aquello, ese punto que se amarra con otro que parecía suelto. Y de repente, la novela se arma desde lugares inconscientes.
Lo interesante es que esta forma de escribir no es capricho: es un método. Para ella, Manaus funciona así: cosas construidas encima de otras cosas, hábitos apilados sobre hábitos, una digestión rara de los tejidos urbanos. La ciudad regurgita todo muy rápido. Por eso el libro respira así también.
Contra el relato que otros inventaron
Lo que le da pelo a esta novela es que Freitas escribe directamente contra las imágenes que nunca fueron de verdad. El Amazonas que te venden no lo construyeron los nortistas: lo armaron otros, desde afuera, hace años. La ciudad cambió. La vida siguió. Y ella decide partir de otro lado porque no había opción: traer lo que Manaus despierta hoy sin ese filtro viejo era un imperativo.
Eso es lo que me interesa de esta lectura: no es una operación académica ni un gesto nostálgico. Es una desmontada directa al imaginario que los medios, la literatura dominante y la industria cultural pegaron sobre la región. Y si eso te pone incómodo como lector, perfecto. Eso significa que está funcionando.



