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Bill Ward sigue tocando: la transparencia del baterista de Black Sabbath ante su nueva realidad

A los 78 años, el legendario batero reveló que usa silla de ruedas para desplazarse, pero dejó claro que eso no significa retiro ni rendición. Su mensaje de honestidad resuena como un último acorde de una banda que cambió el metal para siempre.

Bill Ward sigue tocando: la transparencia del baterista de Black Sabbath ante su nueva realidad
Foto: vía Consequence

Hay algo de coraje en la franqueza. Bill Ward, el baterista que definió el sonido bruto y psicodélico de Black Sabbath desde los '60, acaba de escribir una carta abierta en redes para contar algo que muchos artistas preferirían guardar bajo siete llaves: necesita silla de ruedas para moverse en espacios públicos. Pero la clave no está en eso, sino en cómo lo dice.

Ward cumplió 78 años hace poco más de dos meses. Toca la batería todavía. Puede caminar, pero no mucho. Y lo dice de frente, sin victimizarse, sin arrastrar lástima. "No estoy en retiro, no estoy enfermo, no me rindo", escribe. Es el tipo de mensaje que solo alguien que pasó décadas baqueando en estadios puede darse el lujo de gritar.

Las claves

La transparencia como acto político. Ward no se anda con vueltas: usa la silla para aeropuertos y eventos públicos desde hace unos dieciocho meses. Pero lo importante de su carta abierta es que la escribe ahora, después de haber estado en el escenario hace apenas un año tocando en el show de despedida de Black Sabbath. No esconde, no disimula. En una industria donde la imagen lo es todo, especialmente para hombres de su generación, eso es un golpe de efecto.

Un cuerpo que sigue cargando batidas. Ward ha tenido una trayectoria médica complicada: una diverticulitis perforada casi lo mata en 2013, internaciones por problemas cardíacos años después. Su cuerpo ha sido un campo de batalla. Pero acá está, diciendo que su necesidad de ser artista, su hambre de tocar, es tan fuerte como hace cincuenta años. No es una frase para quedar bien. Es la voz de alguien que eligió estar en el escenario incluso cuando podía haber dicho que no.

El fantasma de julio de 2025. Cuando Black Sabbath tocó su último concierto en Birmingham hace poco más de un año, Ward estaba detrás de la batería y Ozzy Osbourne cantaba a pesar de todo. Diecisiete días después, el cantante se fue. El show de despedida adquiere ahora una densidad diferente: Ward jugó toda su salud para estar ahí, sabiendo —o no— que era adiós. Ese peso importa.

La carta de Ward no es un lamento. Es casi lo opuesto: es un tipo diciéndole al mundo que la silla es solo transporte, que sus ganas de hacer ruido no se han apagado. En un medio que consume y descarta, que mitifica la tragedia y la ruina, hay algo profundamente punk en esa honestidad cruda. No pide permiso para existir de otra forma. Solo avisa que va a seguir ahí, en los aeropuertos, en los teatros, tocando hasta que se muera. Eso es metal de verdad.

Redactada por el sistema editorial de Radio Aparato a partir de fuentes públicas (Consequence), con control de calidad automatizado. Los temas sensibles y las notas marcadas para revisión pasan por una persona antes de publicarse. Cómo trabajamos.

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