Un bróker londiniense atrapado en un escándalo de ecoblanqueo. Un ejecutivo sin escrúpulos secuestrado por un apicultor furibundo. Una mujer sola que cambia su vida por conectar con un pulpo opinador. Tres historias que podrían sonar a sketches absurdos, pero están ahí mismo en las pantallas: HBO, Netflix, cine independiente. El clima no es solo cosa de documentales apocalípticos. Está entrando de lleno en el drama, la comedia, el thriller. Lo interesante no es que de repente alguien decidió hacer una serie sobre el cambio climático. Es que el ambiente se cuela en las tramas sin pedir permiso, como debe ser. Porque vivimos en un mundo donde el clima es personaje también. No se puede evitar. Y el cine finalmente lo está entendiendo.
¿Por qué ahora sí?
Para Ron Simon, curador del Paley Center for Media, esto equivale a lo que fue mostrar cinturones de seguridad en los autos o hablar de conducir borracho hace décadas: es cómo la cultura digiere lo urgente. No se trata solo de mostrar destrucción ambiental, sino de explorar cómo la sociedad, la ley, los individuos lidian con eso. El clima está en cada trama porque está en cada realidad.
Los escritores, directores y productores que están metiendo estos temas no lo hacen como un agregado moralizante. Lo hacen porque es imposible contar historias sobre gente sin contar el mundo en que esa gente vive. Una tormenta extrema, la contaminación, la escasez: son obstáculos reales que los personajes enfrentan. Eso toca más que cualquier documental bien intencionado.
¿Hollywood sigue dormido?
Hay creadores que ven todo esto y dicen: no es suficiente. La realidad sigue siendo que el cine y la TV todavía domestican el tema, lo meten en tramas menores, lo convierten en parte de conflictos personales. Menos mal que eso está pasando. Mejor sería si fuera la obsesión central, no el complemento.
Lo fascinante es que una serie de drama empresarial en HBO termine hablando del planeta. Significa que la crisis ya no se puede ignorar ni relegar a un género especial. Hay iniciativas como el programa GreenerLight de NBCUniversal que ayudó a producciones como Jurassic World Rebirth y Wicked: For Good a reducir significativamente su huella de carbono. También está el nuevo Robert Redford Environmental Vision Award, que se sumará a los Film Independent Spirit Awards de 2027 para reconocer películas y series que aborden cuestiones ambientales con narrativas innovadoras e impactantes. Eso es progreso. Pero tienta pedirle más al cine que ya está dando estos pasos.
Como dice Simon,
la crisis ambiental tiene que considerarse en casi cada línea de trama. Porque siempre está ahí. El entretenimiento global que llega a nuestras pantallas —desde Industry hasta Remarkably Bright Creatures— no solo cuenta historias de otros lugares. Moldea cómo entendemos la urgencia del mundo que compartimos. Y mientras eso sucede en los grandes estudios, la pregunta local sigue abierta: ¿cuándo las narrativas de nuestras propias historias comenzarán a reconocer el planeta tal como es?



