Después de cinco décadas, la Universidad Autónoma de Madrid convoca nuevamente el Festival de los Pueblos Ibéricos el 17 de septiembre. No es un capricho nostálgico: es la resurrección de un espacio que en los años 70 fue trinchera de la canción de autor y la protesta política en España, cuando esos conceptos no eran ni decorativos ni comerciales.
Lo interesante es quién vuelve. Maria Bonet, Luis Pastor y Manuel Gerena —nombres que pisaron el festival hace 50 años— regresan ahora. Junto a ellos, una generación más nueva: Blanca Paloma, Pedro Guerra, Marwán, Karmento y Javier Ruibal. Eso dice algo: el festival no es un museo de nostalgia, sino un continuum. La canción política española sigue viva, y estos nombres lo prueban.
¿Por qué importa?
Para quien sigue la movida del rock y la canción latinoamericana, esto no debería pasar desapercibido. La herencia de estos festivales —ese espíritu de llevar la música a los pueblos, de politizar la canción sin hacerla panfleto— es parte del ADN de lo que hoy hacemos en la región. Uruguay, Paraguay, Argentina tienen su propia tradición de canción contestataria, y muchas bandas de acá beben de esa fuente española de los 70.
Además, en 2026, cuando la industria musical está obsesionada con TikTok y los streamings, ver que una universidad española apueste por revivir un festival de canción de autor es un acto de resistencia cultural. No es «viralizable». Es lento, local, pensado. Eso es raro ahora.
Los nombres que vuelven cargan con historias reales: Luis Pastor fue censurado durante la dictadura franquista. Maria Bonet cantaba en catalán cuando eso era un acto político. Traerlos de vuelta no es arqueología: es afirmar que esa música —la que tiene algo que decir, que incomoda— sigue importando. Y que las nuevas generaciones que figuran en el cartel tienen que saber de dónde vienen.
El veredicto
Es un movimiento valiente. En un panorama donde los festivales se definen por géneros clickbait o por viralidad garantizada, el Pueblos Ibéricos apuesta por continuidad ideológica. No promete «experiencias únicas» ni «vibes increíbles»: promete canción, política, historia. En el mejor sentido.
Para el oyente paraguayo interesado en la escena del rock latinoamericano y la canción de autor, este festival es una clase magistral sobre de dónde viene lo que escuchamos. Porque la revolución musical no empieza en redes: empieza en lugares como estos.



