Diciembre de 1985. El mundo todavía estaba digiriendo el impacto del Live Aid, y mientras algunos soñaban con el espíritu de la caridad global, otros se preparaban para ver cómo una banda noruega, casi desconocida, iba a volarles la cabeza con una canción y, sobre todo, un video que parecía venir del futuro. Hablo, claro, de 'Take on Me' de a-ha.
La historia de esta joya es la de la perseverancia. El trío formado por Morten Harket (voz), Magne Furuholmen (teclados) y Pål Waaktaar (guitarra) ya venía intentando meter esta canción en el mercado desde 1984. De hecho, hubo dos versiones previas que pasaron sin pena ni gloria. La primera, grabada en Londres, tenía un sonido más crudo, más new wave, y una percusión a cargo del mismísimo Tony Mansfield. Pero no funcionó. La discográfica Warner Brothers no estaba convencida. Les faltaba ese punch.
El accidente feliz que lo cambió todo
El punto de inflexión llegó cuando la banda, a punto de tirar la toalla, fue emparejada con el productor Alan Tarney. Tarney escuchó el demo y, aunque reconoció el potencial del distintivo riff de sintetizador de Magne y la melodía vocal de Morten, insistió en regrabar la batería y afinar la producción. El resultado fue un sonido más pulido, más pop, que mantuvo la energía juvenil pero le dio la sofisticación necesaria para la radio. Esa tercera versión, la que todos conocemos, fue la que finalmente despegó.
Pero lo que realmente catapultó a 'Take on Me' al estrellato global fue su videoclip. Dirigido por Steve Barron (el mismo de 'Billie Jean' de Michael Jackson), este corto animado mezclaba acción real con rotoscopia, una técnica que hacía que los actores parecieran dibujos animados. La premisa, simple pero efectiva: un cómic cobra vida y un chico de carne y hueso (Morten Harket) persigue a una chica (Bunty Bailey, novia de Harket en ese momento) a través de un mundo dibujado. La secuencia de la persecución, con Morten saltando entre las viñetas, fue revolucionaria. No era solo un video; era una pequeña película, una obra de arte que se veía una y otra vez para desentrañar sus secretos.
'Take on Me' no solo fue un éxito de ventas (número uno en Estados Unidos y varios países europeos), sino que se convirtió en un ícono de los 80. Su melodía pegadiza y el rango vocal estratosférico de Harket la hicieron inolvidable. Pero fue ese video, con su mezcla de fantasía y realidad, el que dejó una marca indeleble. Convirtió a a-ha en estrellas de la noche a la mañana y demostró el poder de un videoclip bien producido para transformar una buena canción en un fenómeno global.
Hoy, más de 35 años después, 'Take on Me' sigue sonando fresca. Es la banda sonora de la nostalgia ochentera, sí, pero también es un recordatorio de cómo la creatividad visual puede darle una nueva dimensión a la música. Es la prueba de que, a veces, un dibujo animado puede tener más vida que la realidad misma.



