En este mundo vertiginoso, donde todo se mueve a mil por hora, la música no se queda atrás. Las escenas musicales son un hervidero de ideas, sonidos que mutan y formas de producir que se reinventan. Es un caos hermoso, caótico y lleno de vida, donde nombres nuevos aparecen y otros con años de cancha siguen buscando la vuelta de tuerca. Y justo en esa vorágine se planta el Festival Mutante, un evento que me tiene re manija.
Este festival es una joya porque junta a bandas y solistas con trayectorias súper distintas, pero con un punto en común que me fascina: la capacidad de cambiar. Es la clave para que la música no se estanque, para que siga respirando y nos siga volviendo locos.
¿Quiénes son los protagonistas de esta movida?
El line-up del Mutante es una mezcla explosiva que demuestra que la transformación no tiene edad ni género. Imaginate: Mi Amigo Invencible, que ya tiene dos décadas de rockearla y está cocinando su décimo disco, convive con proyectos más jóvenes como Sunlid, que recién va por el segundo, o Mujer Cebra, que ya expandió su sonido y nos sorprendió a todos. También están Lucy Patané, una exploradora incansable de la composición, la frescura de Nina Suárez y la Barbi Recanati, que siempre se reinventa.
Lo interesante es que cada uno llega con su propia historia de cambios. Mi Amigo Invencible, por ejemplo, ve la mutación como algo que pasa en cada ensayo, una incomodidad creativa que los empuja. Como dice su batero Arturo Martín: “En todos los ensayos algo muta”. Y Mariano Di Césare, el cantante, lo resume como “inconformismo”. ¡Me encanta esa actitud!
¿Qué significa transformarse para un artista?
Esta es la pregunta del millón, y cada uno la responde a su manera. Para Barbi Recanati, la transformación es su motor, lo que la mantiene viva. Sin ese movimiento, dice, caería en la repetición y se aburriría. ¡Y tiene toda la razón! Un artista que no se arriesga, que no explora, se apaga. Es como una llama que necesita aire fresco para no extinguirse.
Nina Suárez, por su parte, lo ve desde un lugar más personal. Para ella, los cambios en su música vienen de la mano de sus propias vivencias, de sus estados de ánimo. “No busco la transformación artística como algo adrede”, cuenta. Y es que somos personas antes que artistas, y nuestras vidas, inevitablemente, se reflejan en lo que creamos. Me parece una visión súper honesta y real.
¿Por qué esto le importa a la escena paraguaya?
Este festival y estas reflexiones son un espejo para nuestra propia escena acá en Paraguay. Tenemos un montón de bandas emergentes que están rompiendo esquemas y otras con más trayectoria que no paran de buscar nuevos rumbos. Pienso en cómo muchos de nuestros artistas están experimentando con géneros, fusionando sonidos y llevando su música a otros niveles. La actitud del Festival Mutante es la misma que veo en muchísimos músicos de acá: esa necesidad de no quedarse quietos, de arriesgar, de no conformarse con lo que ya funciona.
Para mí, la clave está en esa curiosidad insaciable, en no tener miedo a salirse del camino. Es lo que hace que un concierto sea una experiencia única, que un disco te vuele la cabeza y que el rock, en cualquier rincón del mundo, siga siendo una fuerza imparable. Este tipo de encuentros nos recuerda que la música es un organismo vivo, que respira y se renueva constantemente. ¡Y eso es lo que más me entusiasma!



