Los MTV Video Music Awards, que se vieron el domingo pasado, siempre dan que hablar, sea por la música o por el circo que arman. Pero esta vez, hubo un momento que valió la pena y que hasta a este viejo rockero le tocó la fibra: Kacey Musgraves se subió al escenario para recordarle al mundo por qué Dolly Parton era un ícono.
Musgraves, con una voz que te atraviesa, le puso el pecho a un clásico inmortal: “I Will Always Love You”. Y no es que sea una novedad, eh. Desde que la gran Dolly nos dejó el mes pasado, a los 80 años, Kacey viene bancando la parada en su gira “Middle of Nowhere”, reviviendo temas como “Here You Come Again” en Boston o el himno “9 to 5” en el Madison Square Garden.
El legado de una reina y la voz que la honra
“No lo supero, y nunca lo voy a superar”, dijo Musgraves en uno de esos shows. “El mundo perdió una luz, y me cuesta hablar de eso.” Y se entiende. Perder a una artista de la talla de Dolly Parton no es joda. Fue una de esas figuras que trascendieron el género, que te hacían sentir que la música country podía ser mucho más que sombreros y botas. Tenía esa chispa, esa voz y una capacidad para escribir canciones que te dejaban pensando.
Musgraves, por su parte, está nominada a Mejor Video Musical Country este año por su tema “Dry Spell”. Si bien nunca se llevó un VMA, ya tuvo un par de nominaciones antes, por “Star Crossed: The Film” en 2022. Pero más allá de los premios, lo que hizo en el escenario de los VMAs es lo que queda. Es la actitud de una artista que respeta a sus maestros y que no le tiene miedo a ponerse a la altura de una leyenda.
Cuando el country se encuentra con el alma
Para mí, esta movida de Kacey Musgraves es un golazo. En un panorama musical donde muchos se preocupan más por el autotune y las coreografías, ver a alguien subirse a un escenario con una guitarra y una canción para rendir tributo de verdad, es un soplo de aire fresco. No es solo que canta bien, que lo hace, sino que le pone alma. Y eso, en el rock y en cualquier género que valga la pena, es lo que importa.
Es la prueba de que hay artistas que todavía entienden que la música es más que un negocio, es una forma de conectar, de recordar y de mantener viva la llama de quienes nos marcaron el camino. Ojalá muchos tomen nota y se dejen de joder con el playback.



