Kurt Vile es de esos artistas que uno sigue de cerca porque sabe que siempre hay algo interesante, algo que se desmarca del molde. Su último disco, 'Philadelphia’s Been Good To Me', no es la excepción. Después de un tour extenuante, Vile se sentó a charlar con NME, y lo que salió de esa conversación es más que la típica promoción de un nuevo trabajo.
La ciudad, los fantasmas y el punk que no se nombra
El disco como tributo. 'Philadelphia’s Been Good To Me' es, en esencia, una carta de amor a su ciudad natal. Vile habla de 'convocar a los viejos fantasmas' de Filadelfia, de pasear por sus barrios y el río Schuylkill. Es una movida que me recuerda a los raperos que claman su 'zona', solo que Vile lo hace con guitarras etéreas y una melancolía que te envuelve. Es una forma sofisticada de decir 'este es mi lugar', algo que aprecio mucho en un artista.
La influencia en otros. No es casualidad que bandas como Fontaines D.C. y artistas como Sam Fender lo citen como inspiración. El frontman de Fontaines D.C., Grian Chatten, lo elogió por su presencia en el escenario, esa capacidad de 'estar relajado' mientras el sol se pone. Vile lo explica como una 'persona' a la que accede después de un estrés brutal. Esa es la esencia de un buen show: la tensión que se transforma en una aparente facilidad. Es el mismo espíritu de un punk que domina su instrumento, pero lo disfraza de desinterés.
La gira y el agotamiento. Vile confesó que, al final de su gira, estaba 'frito'. El último concierto en Leeds, para él, fue más 'Dead At Leeds' que 'Live At Leeds'. Pero ojo, no es una queja, es una constatación. Es el precio de la excelencia, de esa búsqueda de un sonido 'apretado y suelto al mismo tiempo'. Solo los artistas que se entregan por completo pueden entender esa dualidad.
Proyectos futuros y la esencia del cambio. Vile ya está pensando en 'proyectos extraños', y eso es lo que me mantiene enganchada. Un artista que no se conforma, que siempre busca nuevas formas de expresarse, es un artista que vale la pena. Desde sus inicios con The War On Drugs, se notaba esa hambre, esa búsqueda. Y aunque su sonido evolucionó hacia algo más pulido, la actitud de un 'pibe hambriento' sigue ahí, latente.
La verdad es que Vile siempre me resulta interesante. Su música, esa mezcla de indie rock con toques de folk y psicodelia, es el soundtrack perfecto para esas noches donde uno quiere algo más que ruido, pero tampoco una balada prefabricada. Su manera de encarar la música, con esa mezcla de seriedad y desenfado, es lo que lo distingue. Y este disco sobre Filadelfia, con sus fantasmas y sus rincones, es una muestra más de que la autenticidad, al final, siempre gana.



