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La cruda realidad de la Pampa argentina en 'The Illusion of an Everlasting Summer'

El nuevo documental de Alessandra Sanguinetti, 'The Illusion of an Everlasting Summer', nos zambulle en la vida de dos primas argentinas a lo largo de 25 años. Una mirada íntima que no esquiva la dureza de la vida rural.

La cruda realidad de la Pampa argentina en 'The Illusion of an Everlasting Summer'
Foto: vía IndieWire

Alessandra Sanguinetti, fotógrafa con décadas de trayectoria, nos trae su debut documental, 'The Illusion of an Everlasting Summer'. La película es un retrato crudo y extendido de Guillermina y Belinda, dos primas de la Pampa argentina a quienes Sanguinetti conoció a fines de los 90. Lo que empezó con un par de libros fotográficos que documentaban su paso de la niñez a la adolescencia y luego a sus veintitantos, ahora se expande en la pantalla para mostrarlas hasta sus treinta y pico. No es un cuento de hadas; es la vida misma, sin filtros.

La primera mitad del film, que arranca con las chicas rondando los nueve años, es pura energía. Las vemos jugar, bailar, disfrazarse, reírse a carcajadas mientras simulan funerales o cualquier delirio que se les cruce. Sanguinetti, a quien ellas llaman cariñosamente Ale, no solo documenta, sino que también participa, provocando esas escenas casi teatrales que te sacan una sonrisa. Es un período de inocencia y desparpajo, donde la cámara apenas parece existir para ellas.

La Pampa no es solo gauchos y folklore: la realidad de las pibas

Pero la Pampa no es solo diversión. Entre risas y juegos, la realidad rural se cuela sin pedir permiso. Las primas viven en un entorno aislado, dominado por hombres de campo, cazadores, y tradiciones que parecen grabadas en piedra. Sanguinetti no lo remarca con voz en off, lo muestra. La modernidad es un fantasma que apenas asoma, y las expectativas sobre estas mujeres jóvenes son tan claras como el horizonte pampeano: casarse, tener hijos, o trabajar en el campo. Belinda, por ejemplo, sueña con el baile y la actuación, pero su familia le deja claro que, si quiere quedarse, la opción es la agricultura o unirse a algún paisano que ande por ahí. Y eso, ya te digo, no es precisamente un casting con muchas opciones.

Lo más jodido es ver cómo esas palabras, casi proféticas, se materializan en la segunda mitad de la película. El tiempo pasa sin avisar, sin transiciones obvias. Un corte y Belinda ya está embarazada. Otro corte y Guillermina se queja de que casi no se ven. Después, Guillermina también es madre. Los hijos de ambas tienen la misma edad que ellas cuando Sanguinetti empezó a filmarlas. Es un golpe seco al estómago, porque se siente real. No hay sentimentalismos forzados ni música dramática. Solo la vida, la que te empuja y te cambia, a veces sin que te des cuenta.

Un documental que te deja pensando en las ilusiones perdidas

Lo que Sanguinetti logra con esta película es admirable. Confía ciegamente en el poder de sus imágenes, de ese material grabado a lo largo de más de dos décadas. No necesita subrayar el drama; la distancia que se va gestando entre las primas, el peso de sus decisiones y las circunstancias, ya es lo suficientemente conmovedor. Vemos a Belinda volverse más callada, más contenida, y entendemos que la ilusión de un verano eterno, de esa libertad despreocupada de la niñez, es precisamente eso: una ilusión. Es un documental que te deja con un nudo en la garganta, pensando en cuántas vidas se moldean así, sin grandes aspavientos, simplemente porque 'es lo que hay'. Y eso, para mí, es rock del bueno, del que no maquilla la verdad.

Redactada por el sistema editorial de Radio Aparato a partir de fuentes públicas (IndieWire), con control de calidad automatizado. Los temas sensibles y las notas marcadas para revisión pasan por una persona antes de publicarse. Cómo trabajamos.

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