Durante casi una década, el panorama televisivo se dividió en dos frentes bien marcados: por un lado, las cadenas de televisión tradicionales y, por el otro, los servicios de streaming. Una competencia feroz que parecía no tener fin, pero que, con el paso del tiempo, empieza a desdibujarse. Hoy, las barreras se caen a pedazos y lo que vemos es un acercamiento, una búsqueda de sinergias que redefine las reglas del juego.
Las televisoras históricas, que han visto cómo la publicidad y las audiencias lineales disminuyen, ahora miran con otros ojos a los gigantes del streaming. La meta es clara: seguir produciendo contenido ambicioso y alcanzar una escala que solo las grandes plataformas pueden ofrecer. Es un cambio de mentalidad que nos invita a pensar en un futuro donde las pantallas, más que competir, se complementan.
¿Qué impulsa este cambio de estrategia?
El ejemplo más claro de esta nueva era es la decisión de la cadena francesa TF1 de integrar sus canales y su servicio AVOD (video a la carta con publicidad) TF1+ dentro de Netflix. Rodolphe Belmer, presidente de TF1, lo explicó sin rodeos: a medida que Netflix crece, el mercado al que ellos pueden llegar se achica, y la capacidad de amortizar y financiar sus contenidos se resiente. Al unirse a Netflix, buscan llegar a esos 14 millones de suscriptores que la plataforma tiene solo en Francia, según sus cálculos (o los 30 millones que estima Mediametrie).
Para Belmer, es una movida necesaria para que sus contenidos sigan siendo visibles y rentables. Es una señal de que la vieja idea de 'todo o nada' está quedando atrás. Además, desde Amazon Prime Video, Andrew Bennett destacó que la agregación de contenido siempre fue parte de su ADN. Ellos no solo producen, sino que también suman a su oferta canales de terceros, como France Télévisions o RTVE de España. Para ellos, es fundamental tener todo el contenido en una sola aplicación, y es algo que el público europeo, en particular, valora mucho.
¿Y qué papel juega el contenido local?
Bennett fue muy claro al respecto: en Europa, no hay éxito posible sin una cantidad "desproporcionada" de programación local. Es lo que la gente quiere, a lo que está acostumbrada. Y esto es algo que me hace pensar en nuestra propia realidad en Paraguay.
En Paraguay, la música y las historias que nos tocan de cerca tienen un valor inmenso. Ver cómo las grandes plataformas empiezan a entender eso y a invertir en producciones locales es un respiro, una esperanza para nuestros artistas y creadores.
Imaginemos el impacto que podría tener una mayor inversión en ficciones paraguayas, con nuestros actores y guionistas, distribuidas globalmente. No solo generaría oportunidades laborales, sino que también posicionaría nuestra cultura en el mapa mundial. Es un reconocimiento a la identidad cultural que, para mí, es la verdadera riqueza de la pantalla.
El caso de Globo en Brasil es otro matiz interesante. El gigante brasileño, con su televisión abierta, TV paga, Globoplay y una producción de novelas que puede alcanzar los 40 millones de espectadores por episodio, sigue apostando fuerte por su propio ecosistema. Sin embargo, su CEO, Paulo Marinho, no descartó futuras colaboraciones. "Nunca digas nunca", dijo, dejando la puerta abierta a compartir ventanas o publicidad con plataformas globales. La publicidad y el control de los datos del público son, sin duda, el corazón de estas negociaciones. Es una danza delicada entre el alcance y la monetización.
¿Hacia dónde va esta nueva relación?
Para mí, esta evolución es inevitable y hasta hermosa. Es como ver un atardecer en el río, donde los colores se mezclan y ya no distinguimos dónde termina uno y empieza el otro. La música en español, el cine latinoamericano, siempre buscaron sus canales, sus formas de llegar. Ahora, con estas alianzas, se abren nuevas avenidas para que nuestras voces resuenen más fuerte que nunca. Es una oportunidad para que la creatividad paraguaya encuentre un espacio más amplio, generando un impacto positivo en nuestra industria audiovisual y cultural.



