Los LCD Soundsystem vuelven a la carga con su ya clásica residencia en Nueva York, confirmada para noviembre y diciembre de 2026. Por sexto año consecutivo, la banda de James Murphy se instalará en el Knockdown Center de Queens y el Brooklyn Steel para una serie de shows que, según la fuente, incluirán teloneros en vivo, afterparties con DJs invitados y alguna que otra sorpresa.
El primer tramo de la movida arranca el 19 de noviembre en el Knockdown Center, con cuatro fechas seguidas hasta el 22. Después, el 30 de noviembre, se mudan al Brooklyn Steel para un show especial que, dicen, será el número 100 de su residencia en la Gran Manzana. Ahí se quedan hasta el 3 de diciembre y rematan la faena con tres fechas más en Queens, del 10 al 13 de diciembre. Además, el show del 30 de noviembre tendrá su recaudación destinada a una organización benéfica, un gesto que, al menos, les suma un punto.
LCD Soundsystem y la comodidad del eterno retorno
Esta seguidilla de shows se volvió un ritual para los LCD Soundsystem desde 2017, consolidándose anualmente a partir de 2021. La verdad, es difícil no ver en esto una comodidad excesiva. ¿Es que ya no hay ganas de salir a la ruta, de buscar nuevos escenarios, de romper con la zona de confort? Se entiende la conexión con su ciudad, su público, pero la repetición puede volverse un callejón sin salida creativo.
Mientras tanto, la promesa de un nuevo disco que se hizo en 2024 sigue en el aire, sin novedades este año. Parece que la banda prefiere el calor conocido de su hogar antes que arriesgarse con material fresco, lo cual es una pena. El año lo pasaron tocando en festivales como Just Like Heaven o Bottlerock, pero, ¿dónde está la chispa de lo nuevo? A veces, la tradición se confunde con la inercia, y el rock no está para dormirse en los laureles.
¿Una banda estancada o un refugio necesario?
Para mí, esta residencia es la prueba de que muchas bandas, incluso las que admiramos, caen en la trampa de la nostalgia y la seguridad económica. LCD Soundsystem siempre tuvo ese toque indie-punk-dance que te hacía sentir que algo se movía en el circuito, que había inteligencia detrás del ritmo. Pero el «eterno retorno» a Brooklyn Steel y Knockdown Center, año tras año, me huele más a un club de fans exclusivo que a una banda en constante evolución.
Entiendo el cariño por la tradición, pero cuando la música se vuelve un mero trámite anual, con el mismo formato y sin la presión de crear algo nuevo, ¿qué queda del espíritu que nos voló la cabeza? Es como un buen vino que, si no se renueva, se avinagra. Ojalá, entre afterparty y afterparty, se acuerden de que la gente espera más que el mismo show de siempre. El rock no es un museo, es una patada en el pecho.



