Ricardo Pachón se fue. El productor sevillano que durante décadas fue la sombra invisible detrás de los discos más decisivos del flamenco moderno falleció en Sevilla a los 89 años. Nació en 1937 y dedicó toda una vida a un oficio que pocos entienden: convencer a músicos tradicionales de que se arriesguen, grabar las tensiones que generan esos riesgos, y dejarlas intactas en vinilo.
Lo que lo hace imprescindible en cualquier conversación seria sobre música es simple: produjo "La leyenda del tiempo" de Camarón en 1979. Ese disco no fue un éxito comercial inicial, pero fue un terremoto. Camarón llevó la guitarra flamenca a territorios eléctricos, casi de rock fusión, y Pachón tuvo el oído fino para capturar eso sin domesticarlo. Fue el punto donde el flamenco decidió que podía seguir siendo flamenco y abrirse al mundo.
El que armó la revolución sin buscar crédito
Su catálogo de producciones es abrumador. Camarón nuevamente con "Como el agua" (1981) y "Viviré" (1984). Lole y Manuel. Veneno. Pata Negra. Tomatito. Rocío Jurado. Trabajó también con músicos menos mainstream pero igual de importantes. Lo que interesa es esto: si escuchás flamenco moderno, hay probabilidades de que Pachón esté detrás, aunque sea en una producción de una generación anterior a la que está sonando ahora.
Lo curioso es que Pachón no era famoso como lo es un Quentin Tarantino o un Rick Rubin. Era el tipo que sabía cómo hacer sonar una vihuela antigua junto a sintetizadores sin que uno tragara al otro. Era documentalista, arreglista, compositor cuando era necesario. Un polivalente que entendía que el flamenco podía evolucionar sin dejar de ser flamenco. Eso no es cosa de cualquiera: requiere oficio, intuición y una humildad extraña en los productores, que suelen querer dejar su firma en todo.
Mirá a Califato ¾, a Derby Motoreta's Burrito Kachimba, a Rocío Márquez tocando con Bronquio. Esa música es posible porque alguna vez Pachón produjo discos que le mostraron a esos artistas cómo se hacía. El flamenco no envejece cuando respeta sus raíces pero se atreve con lo nuevo. Pachón fue quien lo entendió primero y tuvo el peso para convencer a otros de que valía la pena intentarlo. Eso, para mí, pesa más que cualquier aclamación.



