Steven Wilson, ese explorador incansable del rock progresivo, nos acaba de dar una buena noticia: su noveno álbum en solitario, Requiem for a Village, llegará a nuestros oídos el 6 de noviembre. Y para ir abriendo el apetito, ya lanzó el tema que le da nombre al disco, acompañado de un video que nos deja espiar un poco de lo que se viene.
¿Qué nos trae “Requiem for a Village”, el single?
Si esperaban un viaje sonoro complejo, Wilson no defrauda. La canción es una bestia progresiva con un groove potente. Imagínense un riff de guitarra que podría haber salido de las sesiones más audaces de King Crimson, pero con una base rítmica que juega entre lo intrincado de la IDM y golpes más contundentes. Todo esto se envuelve en capas de sintetizadores analógicos y guitarras que van y vienen, creando una textura rica y llena de detalles que no te deja respirar. Es de esas piezas que te atrapan y te llevan por caminos inesperados, pero siempre manteniendo el pulso.
¿Quiénes acompañan a Wilson en esta aventura?
Este disco no es solo Steven Wilson. Para la narración, que se ubica en un pueblo fuera del tiempo y el espacio, se sumó nada menos que David Tennant, el actor que muchos recordamos por su Doctor Who. Y el cerebro detrás de esos textos y algunas letras es Andy Partridge de XTC. Una dupla que, de entrada, promete una profundidad lírica y conceptual. También participan el multiinstrumentista Randy McStine, Russell Holzman (el baterista de Caroline Polachek) y la vocalista Katherine Priddy. Wilson contó que buscó un sonido más "humano", con "huellas dactilares metafóricas", explorando instrumentos que no domina a la perfección para encontrar esa chispa de inocencia. Es un acercamiento que valoro mucho, porque la perfección a veces le quita el alma a la música.
¿Qué podemos esperar de este nuevo disco?
Para mí, este disco se perfila como una de esas obras que hay que escuchar con calma, sin apuros, como quien se sienta a ver un atardecer. La lista de temas, con nombres como “Swirl In A Lark’s Eye” o “The Old God Is Buried”, ya te sugiere paisajes sonoros y narrativas profundas. El arte de tapa, inspirado en Black Sabbath, también da una pista de la atmósfera que Wilson quiere crear. Me entusiasma esta búsqueda de lo imperfecto, de lo analógico, en un mundo donde todo tiende a lo digital y pulcro. Siento que Wilson, una vez más, nos va a recordar que la belleza de la música está en esas pequeñas imperfecciones, en la experimentación y en la capacidad de dejarse llevar por la intuición. Y eso, en estos tiempos, es un regalo.



