Treinta años. Tres décadas de especulaciones, teorías de conspiración y un vacío que la industria del hip-hop nunca terminó de cerrar. Ahora, en Las Vegas, un tribunal intenta lo que parecía imposible: poner orden en el asesinato de Tupac Shakur, ocurrido el 7 de septiembre de 1996.
Duane "Keffe D" Davis, antiguo jefe de pandilla, enfrenta cargos por haber orquestado el tiroteo que acabó con la vida del rapero. Davis niega todo. Según la acusación, no disparó el arma, pero planeó todo como represalia por una pelea que su sobrino, Orlando Anderson, tuvo con Tupac pocas horas antes del crimen. El rapero viajaba en un auto tras asistir a una pelea de Mike Tyson cuando otro vehículo se acercó y abrió fuego. Murió seis días después.
Las confesiones de una novela que Davis niega
Lo curioso es que Davis, en una memoria que publicó en 2019, admitió estar en el auto que disparó y aseguró haber entregado el arma a su sobrino. Ahora dice que eso fue ficción para que el libro vendiera mejor. Sus abogados lo llaman directamente "inventado", y culpan a una investigación policial "sesgada, negligente e incompleta" a lo largo de tres décadas.
Los fiscales, en cambio, insisten: Davis confesó todo en su propio libro. Fue el testigo estrella contra sí mismo.
El caos de aquella madrugada
En el juicio, los testigos recuperaron los detalles de aquella noche. Garry Dale, exmiembro de la policía metropolitana de Las Vegas que estuvo en la escena, recordó haber viajado en la ambulancia con Tupac. El rapero se negó a hablar. No quiso delatar a nadie, aunque sabía.
Ingrid Stokes, quien estaba en otro auto cerca, describió cómo notaron a un vehículo intentando entrar en frente de ellos. Cuando se detuvieron en un semáforo, escucharon los disparos. "Se desató el infierno", dijo en el tribunal. Esa frase simple, casi ordinaria en su lenguaje, resume treinta años de incertidumbre.
La defensa ataca con lo que siempre funcionó en estos casos: testigos con antecedentes penales, historias inconsistentes, gente con motivaciones económicas. Es el clásico juego de lo que vale creer y qué no cuando todo el sistema está viciado desde hace décadas.
El juicio continuará por semanas. No sé si cierre nada. El hip-hop sigue escuchando a Tupac como si estuviera vivo, y eso dice más que cualquier veredicto.



