Hay historias que duelen y, al mismo tiempo, te recordaban por qué la música importa. En el Hospital Saint-Vincent de Ottawa, una banda de Heavy Metal tocó en vivo dentro de una ala de internación porque un paciente en estado terminal no podía salir a verlos. The Scepter, sin pensarlo dos veces, aceptó tocar entre camas y aparatos médicos el 21 de julio pasado.
El tipo estaba en cuidados paliativos. Era un fan de metal, y ese era su deseo: un show en vivo. La capelá clínica Roshene Lawson vio que era posible, se movió, coordinó con Scott McClinton (dueño del Dominion Tavern en la ciudad) y la banda llegó al hospital a las 13 horas para hacer lo que saben hacer: meter ruido y energía.
Cuando la salud humaniza en serio
No es un comunicado de prensa de una clínica privada de lujo hablando de "bienestar holístico". Esto fue concreto: un equipo de hospital público dijo "sí, podemos", y llevó metal adentro. The Scepter tocó para los pacientes, para la unidad 5 Norte completa, sin que nadie sacara rédito publicitario (aunque bueno, la noticia terminó circulando).
Pongamos en contexto: tocar en hospitales no es lo que sueña ningún músico cuando arma una banda. Sin embargo, The Scepter entendió que eso era más importante que cualquier caché. Horas después, subieron como teloneros de Metal Church en el Overflow Brewing Company, pero lo que pasó en el hospital fue el show que importó.
Más allá del gesto
Acá hay algo que molesta y alivia a la vez. Molesta porque vivimos en un mundo donde esto es noticia, donde un hospital que se anima a hacer algo así suena a excepción y no a lo normal. Alivia porque demuestra que todavía existen bolsones de empatía real en instituciones que muchas veces funcionan como máquinas de papeles y eficiencia.
La música de metal —ese sonido que la sociedad respetable todavía mira de reojo— resultó ser exactamente lo que necesitaba ese joven en sus últimos momentos. No hay nada más punk que eso: romper las reglas de un hospital para que alguien escuche su género favorito, ruidoso y sin filtro, donde y cuando más lo precisaba. Ojalá esa energía se contagie a otros hospitales de la región.



