Los madrileños Vetusta Morla, esos que hace casi 20 años supieron mover el avispero del rock alternativo español, anunciaron su retorno a los escenarios y al estudio. Después de un descanso post-Figurantes (2024), la banda se reunió a principios de 2026 para componer durante más de siete meses. El resultado: una gira por siete ciudades españolas donde, según ellos, presentarán un material totalmente inédito. La banda afirma que esta vuelta al ruedo es para 'activar ese mecanismo único donde la música sucede entre personas', una declaración que suena a mantra post-pandemia para muchos.
La narrativa del 'encuentro' y el sonido 'orgánico'
La idea de que Vetusta Morla busca un sonido más 'orgánico' y 'próximo' es, cuanto menos, curiosa. ¿Acaso antes eran sintéticos y distantes? Me parece más una estrategia de marketing para justificar un par de años de silencio que una evolución real. Dicen que las canciones 'solo nacen de verdad cuando las personas se encuentran', lo cual es una verdad de Perogrullo. ¿Cómo se componía antes, por telepatía? El discurso de la 'memoria compartida' y el 'mecanismo único' suena a poesía barata para venderte la misma idea de siempre: una banda tocando música. Es como si el rock, en su esencia, no fuera ya un encuentro entre personas, una experiencia visceral y sin filtros.
Las fechas de la gira, todas en España, ya muestran un par de agotados en Madrid y A Coruña, y 'últimas entradas' en Barcelona, Málaga y Sevilla. Esto demuestra que la maquinaria sigue funcionando y que su público fiel, ese que compra entradas sin saber qué va a escuchar, está ahí. Pero la verdadera prueba de fuego no es llenar estadios, sino entregar algo que valga la pena, que no suene a refrito de sus viejos éxitos ni a balada de radiofórmula. Si bien es cierto que su debut fue una patada en el pecho, con el tiempo la banda se fue ablandando, y ese filo inicial se fue perdiendo en paisajes sonoros más previsibles.
Filomena Dark: ¿El rock como antídoto o somnífero?
Para mí, esta vuelta de Vetusta Morla es un síntoma más de la blandura reinante en la música actual. Todos buscan la conexión 'orgánica', la 'proximidad', la 'experiencia compartida', cuando lo que realmente hace falta es un buen golpe en el estómago. El rock no es para abrazarse y cantar a la luz de las velas; es para romper esquemas, para incomodar, para gritarle a la cara a la sociedad. Si su 'nueva propuesta' se queda en una serie de canciones 'inéditas' que suenan a lo mismo de siempre, solo confirmarán que el espíritu combativo se les fue por la ventana, reemplazado por la comodidad de la fórmula probada. Espero equivocarme, pero el olor a pop de plástico ya se siente en el aire. Que me traigan un buen riff, una letra que duela, algo que me haga sentir que el rock todavía tiene algo que decir, y no solo vender entradas.



