Vini Reilly siempre detestó que la gente hablara de The Durutti Column como si fuera un sonido descorporeizado, flotante, demasiado etéreo para tocar tierra. En una entrevista hace años fue brutalmente claro: hay feedback desgarrador, hay guitarras de metal pesado, hay punteos que huelen a flamenco. Lo que molesta a Reilly es la gente que llega a los conciertos disfrazada de lo que cree que debería verse, obsesionada con etiquetar, clasificar, conservar todo en formol como si fuera un insecto muerto. Tiene razón. Y lo que acaba de pasar con Renascent (London Records, 2026) es que el hombre ha salido del silencio para probarnos que esa obsesión clasificatoria sigue siendo, hoy más que nunca, completamente ridícula.
Las claves
El regreso después de 16 años. Reilly atravesó problemas de salud que lo alejaron de los estudios durante casi dos décadas. A los 73, con todo en contra, volvió. Y no volvió para hacer un disco de relleno o una coda nostálgica. Renascent suena como si el tiempo nunca hubiera pasado: esos rasgueos ondulantes que crean texturas iridiscentes, esa intimidad casi insoportable, siguen ahí intactos. Abrís el disco con "Echoes In The Memory" y sentís lo mismo que sentías en 1980.
La sutileza como acto de rebeldía. Cuando The Durutti Column explotó en plena efervescencia punk, todos alrededor tocaban con tres acordes y gritaban. Ellos eligieron lo opuesto: contemplación, cromatismos, texturas que respiran lentamente. Era una anomalía entonces; hoy, en medio de tanto ruido infame, suena como una declaración política. Renascent reafirma eso. No hay artificio, no hay producción sobrecargada. Solo Reilly, su guitarra, Bruce Mitchell en batería como desde el inicio, y colaboraciones precisas: Caoilfhionn Rose metiendo voces de folk que dialogan con Cocteau Twins en temas como "Agonistes", Keir Stewart en teclados sumando atmosferas ambient a "Your Shadow At Morning" donde flamenquean los ecos.
La salud como fantasma silencioso. Es casi un milagro que tengamos este disco. No es una frase hecha: Reilly tuvo que pelear contra su propio cuerpo para volver a un estudio. Y lo notable es que Renascent no suena como un acta de despedida ni un ejercicio de restauración histórica. En "Scammer" su voz cansada declama sobre sintetizadores envueltos en bruma, y ahí está la dignidad del asunto: no es nostalgia, es madurez. Es un hombre que dice lo que tiene que decir porque sabe que el tiempo es oro.
Para quien tenga oído para The Durutti Column, este disco es uno de los sucesos del año. Para el resto, que siga etiquetando, clasificando, viendo conciertos disfrazado de lo que cree que debe verse. Reilly jamás dio bola a eso. Ahora menos.



