Booyakasha. Sacha Baron Cohen terminó la filmación de una película de Ali G y eso es, sencillamente, una noticia gorda. Estamos hablando del personaje que lo catapultó a la fama mundial: ese entrevistador callejero con un manejo del slang hip hop que dejaba a académicos, periodistas y políticos completamente confundidos. La última vez que vimos a Ali G en cine fue en 2002, con Ali G Indahouse, una película que funcionó pero que nunca fue el fenómeno que la TV sketch había construido.
El rodaje se hizo en la sombra total, tal como Cohen operó con sus películas de Borat. Esa es su fórmula ahora: secreto absoluto, sin filtración de fotos, sin chismes de set. A esta altura ya sabemos que Cohen juega así, y funciona. El tipo sabe que la sorpresa es parte del impacto, especialmente con personajes que viven de desbaratar entrevistas públicas y situaciones incómodas.
Un personaje que marcó época (aunque muchos lo olvidaron)
Ali G comenzó en la tele británica, en The 11 O'Clock Show por Channel 4, a fines de los 90. Pero fue Da Ali G Show, ya en los 2000, donde el personaje se convirtió en una máquina de hacer reír. Cuando pasó a HBO en Estados Unidos, pegó como puñetazo: Noam Chomsky, Andy Rooney, Newt Gingrich... todos mordieron el anzuelo de este tipo que fingía ser periodista hip hop mientras hacía preguntas absurdas con total convicción.
El problema es que después de 2002, el personaje se quedó en el limbo. Borat les comió la ración a todos los demás personajes de Cohen. Las dos películas de Borat son fenómenos globales; Ali G quedó como esa cosa que estuvo buena pero quedó atrás. Si Cohen la trae ahora, tiene que ser porque cree que el personaje todavía tiene cuerda, que la nostalgia y el reajuste del humor pueden hacer magia otra vez.
Cohen no descansa: entre premios, plataformas y apuestas
El tipo lleva una carrera que da vértigo. Nominado al Oscar por los scripts de las dos películas de Borat, ganador de tres Golden Globes, con presencia en cine de autor (Cuarón en Disclaimer, la serie de Apple+) y en estrenos de plataformas que rompen algoritmos (Ladies First en Netflix fue lo más visto del servicio cuando salió; Balls Up lideró Prime Video). Es como si Cohen estuviera jugando en todos los tableros al mismo tiempo sin perder calidad ni criterio.
Pero miralo bien: esta película de Ali G es su apuesta más directa a la nostalgia pura. No es Borat, que tiene ese aura de documental falso perfecto. No es un proyecto de prestige. Es traer de vuelta un personaje que un montón de gente quiere volver a ver, en 2026, cuando el mundo es mucho más tenso, las entrevistas son más falsas que nunca, y la idea de alguien metiéndose ahí adentro a decir cualquier cosa todavía duele de reír.
Por ahora Cohen y su gente no confirman nada. Es el juego de siempre: deja que corra la noticia, que se arme expectativa, que la gente se ponga a hablar. Y funciona. Porque Ali G, aunque muchos lo hayan olvidado, fue revolucionario. Y una película nueva con ese personaje, 24 años después, tiene un peso que no se puede ignorar. Ahora hay que esperar a ver si Cohen logra que el personaje siga siendo arma de destrucción masiva de comodidades, o si termina siendo solo un acto de nostalgia tibia.



