Proper Content, una de las pocas productoras independientes lideradas por personas negras en Reino Unido, acaba de anunciar su cierre. La noticia llegó hace poco más de una semana: su fundador, David DeHaney, quien armó la empresa en 2016, decidió cesar operaciones y nombrar un administrador. Diez años de documentales que movieron aguja, que tocaron fibras sociales, que se ganaron premios importantes. Y ahora, silencio.
Lo que duele de esta historia no es solo que cierre una productora más. Es lo que dice DeHaney sobre por qué cierra: porque el mercado ya no confía en arriesgar en historias ambiciosas. Porque los presupuestos se encogieron, los ciclos de desarrollo se estiraron, y para una empresa como la suya —en crecimiento, pero sin ser un gigante— llegar al siguiente nivel se convirtió en casi imposible.
¿Qué hizo Proper Content que valga la pena recordar?
Documentales como "The School That Tried to End Racism", emitido por Channel 4, que se llevó un BAFTA, un premio en Venecia, un Rose d'Or y un Grierson. "The King's Guard", una serie sobre la realeza que funcionó dos temporadas en Channel 5. Y más recientemente, el documental sobre P. Diddy para la BBC. No eran programas hechos al paso: eran trabajos que decían algo, que se proponían iluminar rincones oscuros de la sociedad.
Eso era el ADN de DeHaney desde el arranque. No hacer televisión por hacer. Hacer televisión que importara. Y durante una década lo logró, llevando la facturación de la empresa a más de 6 millones de libras esterlinas. Pero llegar ahí y no poder seguir más es quizá lo más frustrante que le puede pasar a un creador: tener el talento, la experiencia, el historial, y aun así quedarse corto.
¿Qué le pasó al mercado audiovisual británico?
DeHaney fue directo al punto: los presupuestos de comisiones se contrajeron, especialmente en los últimos tres años. Las grandes corporaciones —Banijay, All3Media, Sky, Paramount— se están comiendo el espacio. Eso significa menos dinero disponible, menos apuesta en productoras medianas que buscan crecer, menos paciencia para proyectos que necesiten tiempo de desarrollo. Es la lógica del big business: seguridad antes que experimentación.
Lo que DeHaney diagnostica es que el sistema se volvió hostil para empresas como la suya. No es que no tuvieran ideas o talento. Es que el mercado deixó de creer que vale la pena invertir riesgo creativo en ellas. Y eso es más grave que una simple quiebra: es un síntoma de que la industria está eligiendo reproducción sobre innovación.
¿Y ahora qué? ¿Se termina la historia acá?
DeHaney cerró su comunicado con una frase que no quiero pasar por alto: "Mi pasión por contar historias y crear proyectos nuevos y ambiciosos permanece intacta. Estoy entusiasmado con lo que viene después". No suena a un tipo que se rinde. Suena a alguien que necesitaba que se cierre una puerta para poder abrir otra.
Eso no borra lo que pasó. Proper Content se va, sus empleados se quedan en la incertidumbre, y el mercado pierde una voz independiente que se negaba a hacer televisión insípida. Pero la verdad es que esta noticia no trata solo de una productora. Trata de un sistema que se está asfixiando a sí mismo, que mata a los que quieren crecer porque crecimiento sin garantía asusta. Es una lástima. Y es un aviso.



