Un tribunal federal volvió a cerrarle la puerta a Donald Trump en su pelea por recuperar su nombre en el Kennedy Center. Un panel de tres jueces de la Corte de Apelaciones del Circuito de D.C. rechazó el pedido del presidente y su equipo legal para revertir la decisión de un tribunal inferior que ordenó remover la inscripción con su nombre del histórico centro de artes escénicas.
¿Cuál es el argumento que cayó?
El equipo de Trump ante los jueces argumentaba que la pérdida del nombre impactaría en la recaudación de fondos y causaría un "declive financiero" del Kennedy Center. Pero la corte no compró ese relato. Los jueces escribieron que los abogados presidenciales ofrecían solo "afirmaciones conclusivas" sin respaldo factual real.
El tribunal fue tajante: no hay evidencia de que las donaciones presentes o futuras dependan de que el nombre de Trump figure en el edificio. Tampoco le interesó el segundo argumento del equipo presidencial sobre problemas con devolución de dinero. Los jueces señalaron que esto era un punto nuevo que nunca se había planteado ante el tribunal inferior, lo que lo descalificaba directamente.
¿Qué significa esto ahora?
Mientras la apelación siga su curso, el nombre de Trump se mantiene removido del Kennedy Center. Es cierto que Trump aún podría ganar en una instancia superior y lograr que lo reinstalem, pero por ahora eso no va a pasar. Todo este quilombo arrancó en mayo cuando otro tribunal ordenó sacar el nombre, argumentando que solo el Congreso tiene autoridad para cambiar el nombre de una institución de ese calibre. En junio, efectivamente le sacaron la placa.
¿Qué se respira detrás de esto?
Mirando el panorama completo, da la sensación de que los argumentos del equipo Trump no están basados en hechos sólidos sino en suposiciones sobre cómo la gente dona dinero a instituciones. Es un juicio que toca algo más profundo: qué significa poner o sacar un nombre de un edificio público, y quién tiene ese poder. El Kennedy Center es un monumento cultural, no una propiedad privada del presidente de turno. Que los tribunales defiendan eso, con los pies en la tierra y rechazando especulaciones sin pruebas, es lo que corresponde.



